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Sábado, día dedicado a María

Foto: OBSEQUIO 4º 

EL AYUNO 

Hay devotos que suelen ayunar en honor de la Virgen los sábados y las vigilias de las fiestas principales. El sábado es día dedicado por la Iglesia a la Santísima Virgen, porque –al decir de san Bernardo– en ese día ella mantuvo constante y viva la fe, después de la muerte de su Hijo, durante todo aquel triste sábado. Por eso, con toda propiedad, la Iglesia acostumbró a celebrar el día del sábado en todo el mundo. Por eso los devotos de María le ofrecen en este día algún obsequio especial, y en concreto el ayuno. San Carlos Borromeo, el cardenal Toledo y tantos otros practicaban el ayuno a pan y agua.

Quien practica esta devoción, seguro que no se condenará, no porque al llegar la muerte en pecado mortal la Virgen tenga que librarlo milagrosamente, sino porque la Madre de Dios le obtendrá seguramente la perseverancia en la gracia de Dios y una buena muerte. Si no se ayuna de esa manera, al menos guardar en su honor un ayuno normal o abstenerse de alguna vianda o de alguna fruta o algo que agrade de modo particular.

A estos ayunos convendría añadir los sábados algunos obsequios especiales para la Señora, como oír la santa Misa y comulgar, visitar alguna imagen de la Virgen y cosas semejantes. Y en las vigilias de las principales fiestas de la Virgen, ofrecerle alguna de las formas de ayuno descritas.
Cada sábado nos ofrece la oportunidad de meditar sobre la vida de fe de la Virgen, e implorar su ayuda para crecer cada vez más en esta virtud.

Desde los primeros siglos, los cristianos han dedicado este día de la semana a honrar de modo particular a la Virgen. Algunos teólogos del pasado o contemporáneos nos muestran algunas razones para ensalzar a Nuestra Madre del cielo, en esta jornada. Entre otras porque el sábado fue para Dios, el día de descanso y la Virgen fue aquella en la cual-como escribe San Pedro Damián- “por el misterio de la Encarnación, Dios descansó en un lecho santísimo”.

El sábado es también preparación e introducción al domingo, símbolo y signo de la fiesta del cielo, y la Santísima Virgen es la preparación y la vía hacia Cristo, puerta de la eterna felicidad.
Santo Tomás hace notar que “veneramos el sábado en honor de la gloriosa Virgen María, que también en ese día se mantuvo en la fe en Cristo (como hombre) comprobando su muerte". Y luego está, la lógica del amor. Nosotros los cristianos, sentimos la necesidad de un día particular para ennoblecer a Santa María.

Desde la antigüedad, la tarde del sábado, en las iglesias, en las capillas, en los santuarios, en los oratorios, se canta la Salve Regina, u otras oraciones marianas. Son muchos, los que se comprometen en este día, a reverenciar a la Reina del Cielo. Escogen una jaculatoria, para ir repitiendo a lo largo de la jornada; visitan a personas enfermas, solas o necesitadas; ofrecen una mortificación especial para este día mariano; se acercan a rezar a un santuario o Iglesia dedicada a la Virgen; ponen más atención en la oración que le dirigen; rezan el Santo Rosario, el Ángelus, o el Regina Coeli, la Salve.

Existen muchas devociones marianas, aunque no podamos realizar todas, no posee la plenitud de la fe quien no vive ninguna, quien no manifiesta de forma alguna su amor a María. Aquellos que infravaloran la piedad a la Virgen, demuestran haber dejado huir, el sentido profundo que ellas encierran y de haber olvidado la fuente de las que provienen: la fe en la voluntad salvífica de Dios Padre, el amor por Dios Hijo- que se hizo realmente hombre, naciendo de una mujer-, la confianza en Dios Espíritu Santo, que nos santifica con su gracia.

Si buscas a María, te encontrarás con Jesús y aprenderás con profundidad, cada vez mayor, lo que hay en el corazón de Dios.

Examinemos como vivimos habitualmente el sábado. Si reservamos a la Virgen una atención especial y de afecto.

Feliz sábado y unión de oraciones en el Rosario por las intenciones de todos



EL AYUNO

Hay devotos que suelen ayunar en honor de la Virgen los sábados y las vigilias de las fiestas principales. El sábado es día dedicado por la Iglesia a la Santísima Virgen, porque –al decir de san Bernardo– en ese día ella mantuvo constante y viva la fe, después de la muerte de su Hijo, durante todo aquel triste sábado. Por eso, con toda propiedad, la Iglesia acostumbró a celebrar el día del sábado en todo el mundo. Por eso los devotos de María le ofrecen en este día algún obsequio especial, y en concreto el ayuno. San Carlos Borromeo, el cardenal Toledo y tantos otros practicaban el ayuno a pan y agua.

Quien practica esta devoción, seguro que no se condenará, no porque al llegar la muerte en pecado mortal la Virgen tenga que librarlo milagrosamente, sino porque la Madre de Dios le obtendrá seguramente la perseverancia en la gracia de Dios y una buena muerte. Si no se ayuna de esa manera, al menos guardar en su honor un ayuno normal o abstenerse de alguna vianda o de alguna fruta o algo que agrade de modo particular.

A estos ayunos convendría añadir los sábados algunos obsequios especiales para la Señora, como oír la santa Misa y comulgar, visitar alguna imagen de la Virgen y cosas semejantes. Y en las vigilias de las principales fiestas de la Virgen, ofrecerle alguna de las formas de ayuno descritas.


Préstame Madre tus ojos
para con ellos mirar
porque si con ellos miro
nunca volveré a pecar.

Préstame Madre tus labios
para con ellos rezar
porque si con ellos rezo
Jesús me podrá escuchar.

Préstame Madre tu lengua
para poder comulgar
pues es tu lengua materna
de amor y de santidad.

Préstame Madre tus brazos
para poder trabajar
que así rendirá mi trabajo
una y mil veces más.

Préstame Madre tu manto
para cubrir mi maldad
pues cubierto con tu manto
al Cielo he de llegar.

Préstame Madre a tu Hijo
para poderlo yo amar
pues si me das a Jesús
qué más puedo desear?.

Así será esta mi dicha
por toda la eternidad. Amén.


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