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3.-La anunciación

Se llama "anunciación" a la visita del Arcángel Gabriel, enviado por Dios a la Virgen María para pedirle que sea la Madre del Verbo por la gracia del Espíritu Santo. Ella, conciente de su dignidad y al mismo tiempo su pequeñez, consintió entregándose sin reservas a la voluntad de Dios. El "Sí" de María Santísima abre el camino a la Encarnación que ocurre en ese momento. En ese instante el Verbo se hizo carne. Dios eterno vino a habitar en ella asumiendo la naturaleza humana.

Lucas 1, 30-32, 38:
El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo (...). Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tú palabra.”

Celebramos la Anunciación el 25 de Marzo por ser 9 meses antes de la Navidad (Nacimiento del Señor)

María Santísima un 25 de marzo le dijo a Bernardita en Lourdes: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

Recordamos la anunciación:
Rezando el Angelus, al mediodía.
Rezando el primer misterio gozoso del Rosario
Celebrando el día del niño por nacer.

El día de la Anunciación el Verbo se hizo carne; La Segunda Persona de la Trinidad asumió la naturaleza humana y comenzó a vivir en el vientre de María Santísima.

Libro de la Natividad de María

Magisterio de la Iglesia

Libro de la Natividad de María

La Tradición Católica ha recogido gran cantidad de sus más piadosas leyendas de los relatos de los Evangelios llamados apócrifos ortodoxos. Se trata de textos no canonizados por la Iglesia pero que constituyen la fuente de ancestrales e inconmovibles creencias de la Cristiandad. Tal es el caso de todo lo referente a San Joaquín y a Santa Ana, padres de la Santísima Virgen María, y a la infancia de ésta, relatado por el "Liber de Nativitate Mariae"

El pequeño apócrifo acerca de la Natividad de María -"Liber Nativitate María" - fue atribuido durante la Edad Media a San Jerónimo y se encuentra íntegramente incluido en la "leyenda Aures" (Leyenda Dorada). Se trata de una relación apocopada de la misma temática que contenía el llamado "Evangelio del Pseudo Mateo", libro muchísimo más amplio y de origen ciertamente más antiguo. El propio autor inicia la narración explicando que las cosas que va a relatar las leyó en otro lado, aunque confiesa que se le han borrado de la memoria muchos detalles.

El estilo es de una gran llaneza, casi infantil. Se limita a relatar con extremada concisión los hechos principales de la vida de San Joaquín y de Santa Ana, la Natividad de María, su vida en el templo, su matrimonio con San José y, finalmente, la Anunciación y el Nacimiento del Niño Jesús, con cuya sola mención se sierra el libro.

PREFACIO

Me pides un pequeño favor, ciertamente fácil de hacer, pero a la vez muy dificultoso por el peligro inherente de falsedad.

Me ruegas, en efecto, que ponga por escrito todo lo que posiblemente haya ido encontrando en cualquier parte de la Natividad de la santa y muy bienaventurada Virgen María y aun hasta su incomparable parto y los primeros aprendizajes de Cristo. Cosa ésta sin duda no ardua de realizar pero que implica, como dije, mucho riesgo de la verdad.

Pues esto, que ahora me solicitas a pesar de mis cabellos encanecidos, tú estás enterado que ya desde mi primera adolescencia lo había leído en cierto librito que cayó entones en mis manos y cierto que, después de un lapso de tanto tiempo y debido también a la concurrencia de otros asuntos nada leves, bien habrán podido escapárseme a mi memoria algunas cosas.

En consecuencia no puedo ser acusado justamente, en caso de acceder a tu pedido, si yo pasara por alto o añadiera o cambiara algunas cosas. Pero así como no niego que esto pueda ocurrir, así también no acepto que lo vaya a hacer por propia voluntad.

Y así, puesto a atender tus deseos y la curiosidad de los lectores, te advierto a ti ya cualquier otro lector que el citado librito, si bien recuerdo, en cuanto al sentido se refiere, tenía un prefacio de este tipo.

I

1. La bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María, oriunda de estirpe real y de la familia de David y que había nacido en la ciudad de Nazaret, fue criada en Jerusalén en el templo del Señor. Su padre llamábase Joaquín y su madre Ana. Su casa paterna ,era de Galilea y su linaje materno de Belén.

2. La vida de éstos, simple y recta ante el Señor, era también irreprochable y piadosa a los ojos de los hombres. Efectivamente, hicieron una triple división de toda su fortuna: una parte la consagraban al templo y a los servidores del templo; otra la destinaban a los peregrinos y pobres y se reservaban ellos la tercera para gastos de su familia y para sí mismos.

3. Queridos de Dios y piadosos para con los demás vivían su casto matrimonio en casa ya por casi veinte años, aunque sin haber logrado engendrar hijos.

Prometieron, no obstante, que si Dios les concedía un descendiente lo cederían al servicio del Señor. Por esta razón solían frecuentar el templo del Señor en las festividades a través de todo el año.

II

1. Ocurrió que, al aproximarse la fiesta de los Encenios (Dedicación del templo), subió a Jerusalén Joaquín junto con otros de su misma tribu.

Era en esa época Pontífice allí Isaar. Al ver éste también a Joaquín con su oblación junto a los demás conciudadanos, lo despreció y le rechazó sus ofrendas, preguntándole por qué tenía la presunción de presentarse en medio de quienes tenían hijos, él, que no los tenía; y le dijo además que sus ofrendas de ningún modo podrían parecer dignas de Dios, puesto que éste lo había juzgado a él mismo inmerecedor de tener prole, al afirmar la Escritura que era un maldito todo aquel que no hubiera engendrado un varón en Israel.

Le dijo además que debía primero liberarse de esta maldición teniendo descendencia, y que recién entonces podría venir con sus ofrendas ante la presencia del Señor.

2. Cubierto de gran rubor ante la barrera de este oprobio, se aisló junto a unos pastores que estaban en los prados con sus rebaños. y no quiso volver a su casa, para no ser marcado con la misma sentencia de oprobio por sus compañeros de tribu, que habían estado presentes y escuchado todo eso de parte del Sacerdote.

III

I. Pasado allí un tiempo, estaba un día él solo cuando se le apareció un ángel del Señor con enorme resplandor.

Turbado él ante tal visión, el ángel que se le había aparecido calmó sus temores diciéndole: "No temas, Joaquín, ni te turbes con mi visión, pues yo soy un ángel del Señor enviado a ti por él mismo para comunicarte que han sido escuchadas tus oraciones y que tus buenas intenciones subieron hasta su presencia. El vio ciertamente tu humillación y oyó el insulto de esterilidad que se te lanzó injustamente. Dios en verdad es vengador del pecado y no de la naturaleza. y por eso, cuando cierra el útero de alguna mujer, lo hace precisamente para que, al abrirlo de nuevo milagrosamente, se conozca que lo que nace no es de la voluptuosidad sino de la divina largueza.

2. ¿Acaso no fue estéril hasta sus ochenta años Sara, la madre primera de vuestra estirpe? Y a pesar de todo, en la última época de su vejez tuvo a Isaac, a quien le había sido prometida en cambio la bendición de todos los pueblos.

También Raquel, tan grata al Señor y tan amada del santo Jacob, fue estéril por largo tiempo. y sin embargo tuvo a José, señor de Egipto y también libertador de muchísimas gentes que estaban apunto de morir de hambre.

¿Quién entre los caudillos fue más valiente que Sansón o más santo que Samuel? Sin embargo estos dos tuvieron madres estériles.

Si por lo tanto tu razón no se convence con mis palabras, créeme que las concepciones diferidas por largo tiempo y los partos estériles suelen ser más admirables.

3. Por lo tanto, Ana, tu esposa, te dará una hija y la llamarás María. Ella será, tal como lo prometisteis, consagrada al Señor desde su infancia y será llena del Espíritu Santo ya desde el seno materno.

Nada inmundo comerá ni beberá, ni pasará sus días afuera en medio de las diversiones populares, sino en el templo del Señor, a fin de que nada equívoco pueda decirse o al menos pensarse de ella.

Y de esta manera, al avanzar en la edad, así como ella nacerá prodigiosamente de una estéril, así también, permaneciendo virgen, engendrará de un modo inigualable al Hijo del Altísimo, que será llamado Jesús. Y él según la etimología de su nombre, será el Salvador de todas las naciones.

4. Y tendrás esta señal de todo lo que te anuncio: cuando llegues a la puerta dorada de Jerusalén, hallarás a tu esposa Ana saliéndote al paso, quien, muy preocupada hasta ahora por la demora de tu regreso, se alegrará entonces con tu vista."

Dichas estas cosas, se retiró el ángel.

IV

I. Luego se apareció el ángel a Ana, la esposa de aquél, diciéndole: "No temas, Ana, ni creas que es un fantasma lo que estás viendo. Puesto que yo soy el ángel que ofrecí en la presencia del Señor vuestras preces y limosnas y ahora os he sido enviado para anunciaros que os va a nacer una hija, que llamada María será la bendita sobre todas las mujeres.

Llena de gracia desde el instante mismo de su nacimiento, permanecerá los tres años de su lactancia en la casa paterna y luego, consagrada al servicio del Señor, no saldrá del templo hasta la edad de la reflexión.

Allí, finalmente, sirviendo al Señor de día y de noche en ayunos y oraciones, se abstendrá de todo lo impuro, no conocerá jamás a varón alguno; y sin embargo ella sola, sin igual precedente, sin mancha, sin corrupción, sin intervención de varón, virgen engendrará a su hijo, ella la esclava a su señor, de gracia, de nombre y de hecho Salvador del mundo.

2. Así pues, hiérguete, sube a Jerusalén y, cuando hubieres llegado a la puerta llamada áurea, porque ha sido dorada, allí, según la señal, te saldrá al encuentro tu marido por cuya incolumidad estás tan preocupada. y cuando hayan sucedido estas cosas, ten por cierto que lo que te anuncio deberá cumplirse".

V

1. Y así, conforme a la orden del ángel, desde el lugar donde se hallaba cada uno, subieron a Jerusalén, y en llegando al lugar marcado por el vaticinio del ángel, se encontraron mutuamente.

Alegres entonces a causa de su recíproca visión y seguros por la certidumbre de la prole que les había sido prometida, dieron las debidas gracias al Señor que exalta a los humildes.

2. Y de esta manera, luego de adorar al Señor, vueltos ya a casa, aguardaban seguros y alegres la divina promesa. En consecuencia, Ana concibió y dio a luz una hija y, conforme a lo impuesto por el ángel, sus padres la llamaron con el nombre de María.

VI

1. Al cabo de tres años y pasado el período de lactancia, condujeron al templo del Señor a su Virgen junto con las ofrendas. Había ante el templo, conforme a los quince salmos graduales, otros quince peldaños de subida. Al estar el templo construido en el monte, no se podía llegar sino sólo por las gradas hasta el altar del holocausto, que quedaba afuera.

2. En una de estas gradas colocaron sus padres a su niñita la bienaventurada Virgen María. y mientras ellos cambiaban sus ropas que habían traído durante el viaje por otras más elegantes y limpias, la Virgen del Señor fue ascendiendo uno por uno todos los escalones sin ayuda de nadie que la alzara o guiara, de tal modo que al menos en esto no podrías pensar que le faltara nada de lo que corresponde a la edad adulta. Ya evidentemente el Señor estaba obrando algo grande en la infancia de su Virgen y anticipaba con este indicio milagroso cuán grande llegaría a ser.

3. En consecuencia, celebrado el sacrificio según la costumbre de la ley, y cumplido su voto, dejaron en los ámbitos sagrados del templo a su Virgen, para que fuera allí mismo educada junto con las otras vírgenes. Y luego ellos retornaron a su casa.

VII

I. La Virgen del Señor, junto con el desarrollo normal de la edad progresaba también en las virtudes. y de acuerdo con el salmista, su padre y su madre la dejaron, pero en cambio la tomó a su cargo el Señor.

Cada día era visitada de los ángeles, cada día disfrutaba de una visión divina que la preservaba de todos los males y la hacía sobreabundar en todos los bienes.

Y así llegó a los catorce años, de tal modo que no sólo nada digno de crítica podían imaginar los malos acerca de ella, sino que además los buenos que la conocían juzgaban su vida y costumbres dignas de toda admiración.

2. Por ese tiempo el Pontífice informó que las vírgenes que se educaban oficialmente en el templo y ya hubiesen cumplido esa edad, tenían que regresar a sus casas y procurar casarse conforme al uso del pueblo y de acuerdo a la madurez de su edad.

Mientras las demás cumplieron bien dispuestas este precepto, sola ella, María, la Virgen del Señor, respondió que no podía hacerlo, afirmando que no sólo sus padres la habían consagrado al servicio del Señor, sino que además ella misma le había jurado su virginidad al Señor, y que no quería violarla con varón alguno en el uso normal de la pareja.

El Pontífice, por su parte, en gran perplejidad de espíritu, juzgando por una parte que no debía quebrantarse aquel juramento, contra la Escritura que dice: "Prometed y cumplid", y no atreviéndose por otra parte a introducir una costumbre desusada en su pueblo, mandó que se hicieran presentes en la festividad ya próxima todos los principales de Jerusalén y de las comarcas circundantes, a fin de poder saber mediante su consejo qué era a lo que debía hacerse en una cuestión tan dudosa.

3. Realizada esta convención, a todos plugo que se debía consultar al Señor acerca del asunto. Y estando así todos dedicados a la oración, accedió el Pontífice a consultar según los ritos.Y al instante todos pudieron oír una voz procedente del oráculo y del lugar propiciatorio, expresando que, según el vaticinio de Isaías, debía buscarse alguien a quien debería ser encomendada y desposada la Virgen aquella.

Efectivamente es manifiesto que Isaías dice: "Surgirá una vara de la raíz de Jesé y una flor ascenderá desde su raíz y sobre ella descansará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y piedad y la colmará el espíritu del temor del Señor". (1s., 11, 1).

4. Por consiguiente y en conformidad con esta Profecía anunció que todos los célibes y aptos para el matrimonio, oriundos de la casa y familia de David, tendrían que llevar cada uno su vara al altar y que la varilla de quienquiera de ellos que una vez presentada germinara una flor y en la punta de ésta se asentara el espíritu del Señor en forma de paloma, ese tal sería a quien debía ser encomendada y desposada la Virgen,

VIII

I. Hallábase entre los demás José, de la casa y familia de David y de edad provecta. y mientras que todos presentaban según la orden sus varas, sólo él sustrajo la suya.

Y por eso, al no ocurrir nada en consonancia con la voz divina, el Pontífice juzgó que se debía volver a consultar al Señor. Este respondió que sólo aquél de entre todos los designados que no había presentado su vara era justamente a quien debía desposarse la Virgen.

Y de este modo fue José puesto en evidencia. Pues, una vez que él llevó su vara y sobre su punta se asentó una paloma bajada del cielo, resultó patente para todos que era él con quien debería desposarse la Virgen.

2. Celebrado, pues, el rito de los esponsales según costumbre, él se retiró a su casa a la ciudad de Belén para disponerse y procurar las cosas necesarias para el casamiento.

Y María la Virgen del Señor, junto con otras siete vírgenes de su misma edad y crianza, que las había recibido de parte del Sacerdote, regresó a Galilea, a la casa de sus padres.

IX

1. En aquellos días, o sea, apenas llegada a Galilea le fue enviado de parte de Dios el ángel Gabriel para anunciarle la concepción del Señor y exponerle el orden y manera de la misma.

Habiendo aquél penetrado donde ella estaba, inundó de enorme luz toda la habitación y saludándola con gran cortesía le dijo: "Dios te salve, María, Virgen queridísima del Señor, Virgen llena de Gracia, contigo el Señor, bendita tú sobre todas las mujeres, bendita también sobre todos los hombres nacidos hasta ahora".

2. La Virgen, que ya conocía bien los rostros angelicales y para quien no era algo desacostumbrado la luz del cielo, ni se asustó por la vista del ángel ni se asombró por la magnitud de la luz, pero quedó en cambio perturbada sólo por la conversación del ángel, y se puso a pensar qué sería ese saludo tan insólito o qué era lo que le pronosticaba o qué fin iría a tener.

A esta reflexión le salió al paso el ángel inspirado de Dios. "No temas, María, -le dijo- no temas como si en este saludo yo te hubiera ocultado algo contrario a tu castidad. En efecto, has encontrado ciertamente gracia ante el Señor, porque elegiste la castidad. Por lo tanto concebirás y darás a luz tu hijo, Virgen y sin pecado.

3. Este será grande, puesto que dominará desde un mar al otro mar y desde el río hasta los últimos límites del mundo. Y será llamado el Hijo del Altísimo, porque el que nacerá abyecto en la tierra, reina ya encumbrado en el cielo. Y le dará a él el Señor Dios el trono de su n padre David y reinará eternamente en la casa de Jacob y no tendrá fin su reino. Es él sin duda rey de reyes y señor de señores y su trono para los siglos de los siglos". (Ps. 44, 7).

4. La Virgen, no por falta de fe en las palabras del ángel, sino porque deseaba conocer el contenido del mensaje, le respondió así: " ¿Cómo es posible que esto llegue a cumplirse? ¿Cómo puedo dar a luz sin la participación del semen viril, siendo así que yo misma por causa de mi voto no conozco varón ?"

A esto contestó el ángel: "No pienses, María, que vas a concebir en el normal modo humano, pues sin intervención de varón darás a luz virgen y virgen amamantarás. El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá contra los ardores de la concupiscencia. Por lo tanto lo que nacerá de ti será el único santo, porque, siendo el único concebido y nacido sin pecado, será llamado el Hijo de Dios".

Entonces María, abriendo sus ojos y alzándolos hacia el cielo, dijo: "He aquí la esclava del Señor, la que no soy digna del nombre de señora. Que ocurra conmigo de acuerdo a tu palabra".

5. Sería largo y quizás cansador para más de uno, si pretendiéramos insertar en este opúsculo todas las cosas que, según hemos leído, precedieron al nacimiento del Señor y las que ocurrieron después. Por lo tanto, omitiendo todo aquello que está con más amplitud en el evangelio, vamos a narrar las cosas que se hallan menos explícitas.

X

1. Vuelto de Judea a Galilea, José se disponía a tomar en matrimonio a la Virgen con quien había contraído los esponsales. Y ya habían transcurrido tres meses y estaba a punto de cumplirse el cuarto desde la fecha de los esponsales.

Entretanto al ir hinchándose paulatinamente su seno, comenzó a evidenciarse su estado de gravidez. Y esto evidentemente no pudo ocultársele a José, pues éste al entrar libremente según sus derechos de esposo a los aposentos de la Virgen y hablar familiarmente con ella, pronto se percató de que estaba embarazada.

Por lo mismo comenzó a agitarse en su espíritu y a sentirse indeciso, ya que desconocía qué era lo que debía hacer preferentemente. Y no quiso delatarla, porque era justo, ni difamarla con sospecha de fornicación, porque era piadoso. Así que pensaba renunciar por su cuenta al matrimonio y abandonarla a ocultas.

2. Estaba él calculando estas cosas, cuando he aquí que el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas. Es decir, no tengas sospecha de fornicación acerca de tu Virgen. No pienses nada siniestro, ni temas tomarla como esposa en matrimonio. Pues lo que en ella ha nacido y que ahora angustia tu alma, no es obra de hombre sino del Espíritu Santo.

Dará efectivamente a luz al Hijo de Dios, Virgen única, y lo llamarás con el nombre de Jesús, esto es, Salvador, pues él salvará a su pueblo de sus pecados".

Y así José, de acuerdo al precepto del ángel, tomó a la Virgen en matrimonio pero sin embargo no la tocó, sino que la custodió velando castamente por ella.

Y ya estaba por cumplirse el noveno mes desde la concepci6n, cuando José, tomando a su esposa con todo lo que necesitaba, se dirigió a la ciudad de Belén, de donde era él mismo.

Y ocurrió que estando ellos allí, se cumplieron los días del parto y ella dio a luz a su Hijo primogénito, tal como los evangelistas nos lo enseñaron, a Nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos.

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