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Nuestra Señora de la Consolación


20 de Junio
1624
Luxemburgo

Según una leyenda, en 1624, un estudiante del Colegio de los Jesuitas, establecida en Luxemburgo desde 1607, fue a dar un paseo por las orillas del río Alzette que se encontraba fuera de las murallas de la ciudad. Al llegar a un lugar llamado Peñas de Crispino,  vio en el hueco de un roble, una estatua de la Virgen y el Niño. Le dijo a algunos de los otros estudiantes, y juntos regresaron a la ubicación.

El Padre Brocquart, profesor en el nuevo colegio de los Jesuitas, encabezó una procesión para que los estudiantes tomar1n la estatua y la colocar1n en el altar de su iglesia. A la mañana siguiente había desaparecido. Se encontró después en el hueco del  mismo roble. Una vez más, la llevaron a la iglesia, pero desapareció de nuevo.

A continuación, los jesuitas decidieron que la Virgen deseaba ser honrada en ese punto particular del árbol de roble, por lo que comenzaron a construir una capilla. La construcción se detuvo en 1626 cuando una epidemia de peste estalló, golpeando incluso al Padre Brocquart. Cerca de la muerte, el Padre Broquart prometió que si él recuperaba su salud iba a terminar la construcción de la capilla. La salud del padre jesuita volvió, y la capilla fue terminada en el año 1628. La estatua fue consagrada allí, y le dio el nombre de Nuestra Señora del Consuelo de los Afligidos

Luxembourg 012

NUESTRA SEÑORA DEL CONSUELO.

El día 20 de junio se celebra la fiesta de la Santísima Virgen del Consuelo, patrona especial de Turín y del Piamonte.


HISTORIA:

La devoción a Nuestra Señora de la Consolata se inicia en Turín, Italia, en los primeros siglos del cristianismo.
Cuenta la tradición que fue san Eusebio desterrado a Palestina por el emperador Constancio, quien a su regreso a Turín en el año 354, le obsequió a su amigo san Máximo, una imagen de la Virgen María que, también cuenta la historia, fue pintado por san Lucas.
San Máximo ubicó el cuadro en una capilla, lindera de la Iglesia dedicada a San Andrés. Desde ese instante el pueblo de Turín comenzó a venerar a la Virgen María bajo el título de Consoladora que, traducido en dialecto local y popular devino en Consolata.

Los obispos de Turín confiaron la imagen de la Consolata a los Padres Benedictinos en el año 840, dos acontecimientos contribuyeron a su desaparición. Primero, hubo que esconderla, debido a la persecución y destrucción de imágenes por parte de los iconoclastas. Y luego, una guerra, que destruyó el templo de San Andrés y la capilla donde estaba, sepultándola bajo los escombros y en el olvido. Pero permaneció viva en la memoria de sus fieles.
Y muchos años más tarde, Arduino, por un tiempo rey de Italia, erigió una capilla para la Virgen Consolota, en agradecimiento a una curación milagrosa y respondiendo al pedido que la misma Señora le había expresado en una visión. Pero también esta capilla fue destruida y la imagen desapareció por segunda vez.

En el año 1104, la Virgen se le apareció a un ciego de nacimiento en Briançon, Francia. Era Jean Ravais (o Ravache), a quien le prometió devolverle la vista cuando llegara al lugar que Ella le indicaría, y donde encontraría la imagen perdida. Jean Ravais así lo hizo y luego de un largo viaje llegó a Turín. El lugar indicado por la Virgen era la torre de una Iglesia destruida.
El 20 de junio, Jean Ravais acompañado por la expectativa y devoción del pueblo de Turín, con la presencia del Obispo y Sacerdotes, se comenzó las excavaciones, realizada por voluntarios ansiosos de encontrar a la Madre. La imagen perdida de la Virgen de la Consolata apareció debajo de las ruinas en perfecto estado.

Como bien explicitan las crónicas de la época, fue el mismo Obispo quien la sacó de entre los escombros y la expuso a la vista de todo el pueblo allí congregado, exclamado: "¡Ruega por nosotros, Virgen Consoladora!". A lo que la gente respondió: "Intercede por tu pueblo". En ese instante al atardecer del 20 de Junio de 1104, en presencia de autoridades y del pueblo, el ciego Jean Ravais recobró la vista.

RECONOCIMIENTOS:

La basílica se convirtió en la pieza central de la fe y la religión en Turín durante los duros días del asedio franco-español. La ciudad se encomendó a la Virgen de la Consolación para su propia salvación y se realizaron ofrendas votivas. Su posición geográfica, tan cerca de los muros de la ciudad, hizo al santuario vulnerable a los fuertes bombardeos del Asedio de Turín de 1706, pero, a pesar de esto, el templo se salvó de la destrucción. Tras este evento, la Virgen de la Consolata fue proclamada "Patrona de Turín" conjuntamente con San Juan Bautista (el histórico patrono de la ciudad).

Tras una epidemia de cólera en 1835, la Administración Comunal hizo votos al Santuario della Consolata para obtener de la Divina Misericordia la liberación de la enfermedad del cólera, o la disminución del mal en sus efectos, o el alivio que Dios quisiera conceder a esta Ciudad.
Los grandes beatos y santos turineses han estado a lo largo de los siglos muy vinculados al Santuario de la Consolata. Entre ellos, San José Cafasso, que está enterrado en el interior del santuario, San Juan Bosco y San Leonardo Murialdo que acudían al templo con frecuencia, además, del beato José Allamano, fundador de la Misión de la Consolata, que fue rector de la basílica desde 1880 hasta 1926.
También es patrona de toda la archidiócesis de Turín y del Piamonte.
Ella es también la Madre inspiradora de los Misioneros de la Consolata que, en su nombre, se empeñan en llevar el Evangelio por todo el mundo.

DESCRIPCIÓN DEL CUADRO:

El cuadro de la Virgen Consolata es un lienzo pintado con estilo de "ícono" oriental-bizantino. Arte sacro, que representa los valores espirituales más que la belleza física exterior. Arte simbólico más que realista. Es de autor desconocido, pero rico en enseñanzas de devoción a la Virgen. Contemplando la imagen impresionan los dos rostros. El de María refleja una leve tristeza templada de suave esperanza. Tiene la mirada dirigida a quienes la miran, como infundiéndoles sus mismos pensamientos, y la cabeza inclinada levemente hacia Jesús, fuente y causa de todas sus grandezas, consuelo de la Humanidad. La mano derecha contra el pecho pareciera indicar que asume como propias todas las penas de sus hijos, tarea maternal como consoladora de los afligidos. María Consolata nos presenta a Jesús, sentado sobre el brazo izquierdo de su Madre, lado del corazón. María sostiene a su Hijo, lo cuida como Madre, lo custodia, pero no lo retiene para sí.

 El vínculo de unión entre ellos son las dos manos izquierdas, levemente unidas, que expresan la unidad llena de cariño y de respeto, símbolo del amor más bello que une el corazón de Dios al corazón de una criatura. El Niño con su mano bendice al mundo a la manera oriental: dos dedos alzados (que significan las dos naturalezas de Cristo, humana y divina), y los otros tres doblados (que indican la Trinidad). Fiel al arte iconográfico, la imagen tiene en cuenta los colores: el manto de la Virgen es de un azul intenso que indica su gloria en el cielo; el borde dorado simboliza su participación en la gloria de Dios; el rojo, expresa la realeza: la de María, Reina de todo lo Creado y la de Jesús. Las tres estrellas sobre el manto de la Virgen (una de ellas oculta por la figura del Niño), son signo de la virginidad de María antes, durante y después de la concepción de Jesús. El anillo en su dedo es expresión de autoridad y poder: Ella es la Madre del Salvador, vencedora de todo mal. Por último, las dos aureolas que manifiestan la santidad y la gloria de Cristo y de María, obtenidas por medio de la cruz. En definitiva, el cuadro presenta a María y su Hijo estrechamente unidos: quien encuentra a María, encuentra a Jesús, y quien encuentra al Hijo encuentra a la Madre.

La actual imagen que se venera en el templo, no es la original, el cuadro que hoy se venera es una obra de finales del siglo XV que se atribuye a Antoniazzo Romano y está inspirada en la Madonna del Popolo de Roma.
Luxembourg 025
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